
Soñar es libre. Y gratis. Así que, ¿por qué no hacerlo?
Pues resulta que, como una reencarnación del mismísimo Martín Luther King, anoche tuve un sueño.
Soñé que acababa un Ironman.
Hace algún tiempo que no puedo evitar que mis dedos tecleen la palabra “ironman” cuando aparece la página de google en mi pantalla, que mis ojos busquen la portada de “finisher” al pasar por delante de un kiosko o que nombres como Eneko Llanos, Chris McCormack o Marcel Zamora ronden por mi cabeza.
Pensándolo fríamente la conclusión podría ser rápida y contundente: imposible.
¿Pero no dicen los de Adidas que “impossible is nothing”? Además, ¿acaso no era para mi igual de imposible acabar un maratón el día que, por primera vez, salí a la calle dispuesto a correr y aguanté la “estratosférica” cantidad de 8 minutos hasta que me paré asfixiado, colorado y con ganas de vomitar?
Pero el sueño no ha durado demasiado. El taladro que amenazaba con reventarme la cabeza me ha despertado temprano. Creo que ayer me pasé con el ron y los marlboros.
Esta maldita resaca amenaza con arruinarme el día. No paro de toser. Maldito tabaco.
Me preocupa el haber ido, poco a poco, bajando la guardia con ese fantástico vicio del fumar y haberme convertido en ex-exfumador. Vamos, antiguo exfumador o fumador propiamente dicho. Me jode pensar que él es más fuerte que yo y que sin darme cuenta me ha vuelto a conquistar para su causa.
Así que, mientras el taladro seguía girando a mil revoluciones por minuto, la parte de mi cerebro que aun se mantenía mínimamente operativa se preguntaba: “¿cómo podré vencer al Sr.Ironman si no soy capaz de hacerlo con el Sr.Marlboro?”
Roma no se conquistó en dos días. Paso a paso. Mi primer paso para derrotar al primero será hacerlo con el segundo.
La fecha del 12 de Abril del 2008 (inicio de un contador que pondré en este mismo blog) será el comienzo de la conquista de la batalla final que pronostico para el 2012.
domingo 13 de abril de 2008
Ironman, resaca y marlboro
martes 8 de abril de 2008
Siempre nos quedará PARÍS
Un maratón en el que no he querido ni he sabido sufrir. Después de haber roto el crono hace unas semanas en Valencia tenía claro que a París iba a disfrutar del ambiente, de la ciudad, de correr junto a las Tullerias, de escuchar las pisadas de 70.000 zapatillas al tiempo que contemplaba el Arco del Triunfo, la plaza de la Concordia, la Bastilla, Notre Damme….
Ni siquiera pensaba haber escrito una crónica de esta carrera, pero finalmente he pensado que un maratón siempre lo merece.
No sé bien donde empezar este relato. Quizá en el viaje Lleida-Madrid del jueves por la noche estrenando cara de velocidad a bordo del flamante nuevo AVE. Tal vez en los agobios del viernes para alcanzar la feria del corredor directamente desde el Charles de Gaulle antes de que me cerraran el chiringuito.
Podía haber empezado con las risas que me pegué en la cena del viernes con los 16 amigos que nos juntamos en tres apartamentos de la ciudad de la luz para pasar cuatro maravillosos días.
O con los paseos por París del sábado….. o con el céntrico restaurante en el que cenamos, entre cervezas, risas y espaguetis, más de veinte personas.
Pero empezaré el domingo. El día de la carrera.
Nos despertamos sobre las 6 de la mañana. Había dormido apenas 5 horas pero del tirón, sin ningún problema de nervios ni nada de eso (ventajas de ir a los maratones a hacer turismo sin ninguna presión de lograr objetivos ni nada de eso).
Después de desayunar, colocar el dorsal y todas esas cosas que se hacen siempre antes de las carreras salimos del apartamento los 6 valientes camino del metro. La primera sorpresa desagradable del día fue la temperatura. ¡¡Que frío, lamadrequemepario!!!
También mención aparte merece la imagen de una gran ciudad despertándose mientras miles de tipos con zapatillas y plásticos salen de cada esquina, de cada portal, de cada vagón de metro… Corredores con caras de sueño mezclándose con gente que vuelve de la discoteca de turno. Al igual que me sucede con lo vivido en Berlín hace año y medio creo que ese contraste lo recordaré para siempre. Algo así como “La invasión de los runners”
Sin lugar a dudas el peor recuerdo que me voy a quedar de este día será el frío inhumano que pasé la hora previa a la salida. ¡¡Estaba helado!! ¡¡Congelado en vida!! Tanto es así que finalmente decidí no dejar absolutamente nada en el ropero y salir a correr el maratón con mi jersey de lana. Supongo que debo de ser uno de los primeros maratonianos con jersey de la historia, pero bueno, vaya yo caliente….
La salida de un maratón de 35.000 corredores es algo espectacular, grandioso. Tenía la sensación de estar viviendo algo grande, así que tuve que dar unos cuantos saltos y unos cuantos gritos antes de escuchar el pistoletazo de salida.
Antes de salir nos deseamos suerte, nos abrazamos todos y nos citamos 42 kms y 195 metros más allá…. unas cuatro horas mediante.
Salgo con Marcos, que no ha venido a correr pero ha decidido acompañarme 30 kms. Por suerte pudo burlar los controles de dorsales y meterse conmigo en el cajón de las 3:45.
Los primeros kilómetros sigo helado. Tengo frío. Hay muchos corredores pero los Campos Eliseos son anchos y se puede correr medianamente bien. A pesar de eso vamos despacio, sin forzar nada la máquina. “Hemos venido a disfrutar, ¿no? Pues eso”
Los primeros avituallamientos son una aglomeración de gente, cruces de unos y de otros…. y un tipo que se deja media cara en el pavés justo delante de mis ojos.
En el km.10 tenemos a “la afición” con bandera de España y pancarta incluidas. Nos paramos, les abrazamos, les besamos y yo les doy el jersey de lana (a estas alturas parecía que se me había pasado un poco el frío) y nos adentramos en el Bois de Vincennes.
Ya a estas alturas estaba empezando a notar un fuerte dolor en el empeine del pie derecho, en el lugar exacto donde me había puesto el chip. Raro, raro…. Así que aprovechando que en el km.16 me paré a regar las flores del bonito bosque parisino me quité la zapatilla y estuve mirando la forma de colocármela sin que me hiciera daño, pero nada oiga. Poco después me tuve que volver a parar, volver a quitarme la zapatilla… ¡¡y que no daba con la tecla!! :(
Saliendo del bosque estaban otra vez nuestros chicos/as dándonos ánimos a base de gritos. De nuevo un buen subidón.
Poco después estaba la media, que pasamos sin mayor dificultad en 1:56 muy enteros.
Desde aquí enfilamos de nuevo hacia la parte Este de la ciudad por la orilla del Sena. Esta es la parte de los túneles donde se me empieza a hacer ya el maratón un poco cuesta arriba. “Está claro que corriendo 30 kms a la semana no se pueden pedir milagros todas las veces”, voy pensando.
A la altura del km.28 me da un bajón de fuerzas espectacular. Es como si me hubieran quitado las pilas. De repente me entra un hambre atroz, empiezo a tener visiones de bollos de nata, de chocolatinas…. de bocadillos… solo puedo pensar en comer, algo que nunca jamás me había pasado.
Las piernas también se quejan ya de lo lindo. Este es el maratón que más dolores he tenido y a estas alturas ya se quejaban las dos rodillas, las plantas de los pies y el dolor del empeine del pie seguía ahí en todo momento (está claro que la cagué con la elección de las zapatillas y que mis Landreth no estaban para meterse un tercer maratón).
En el avituallamiento del 30, justo después de despedirme de Marquitos (que había finalizado ahí su tirada larga premapomera) me paro y me pongo a comer como si fuera el fin del mundo. Tres trozos de plátano, dos de naranja, dos higos, dos vasos de isotónico….
A esas alturas ya sabía que me iba a costar llegar a meta.
Hasta el km.35 me mantengo más o menos, aunque ya corriendo a ritmos muy pobres. Pero al pasar por Roland Garros no tengo ganas de sufrir y me paro a caminar. Desde aquí hasta el 39 lo haré ya en varias ocasiones.
Es justo en la pancarta del 39 cuando miro el crono y haciendo unos pequeños cálculos mentales encuentro una pequeña motivación para correr estos últimos 3 kms: “si hago 5:20min/km de aquí a meta bajo de 4 horas” pienso.
Y de repente me pongo a correr con ganas adelantando a mogollón de gente….. ¡¡madre mía lo importante que es la cabeza en un maratón!! Fue encontrar una motivación para sufrir un poquito y allí iba lanzado en busca del sub-4h
40…..41…42…. ya veo el arco de meta…. ¡¡¡Vamos coño, vamos!!!
Levanto los brazos, me siento de nuevo el hombre más feliz del mundo y paro el crono en 4:00:12. No lo he conseguido pero me siento igualmente feliz.
Las conclusiones son positivas. He corrido otro maratón. He disfrutado como había planeado, sin sufrir más de lo necesario.
Tampoco le puedo pedir peras al olmo. Si la media de las ocho semanas previas a Valencia fue de 38 kms/semana mi tabla excell dice que la media desde Valencia hasta París ha sido de 33 kms/semana (cifras ridículas si me comparo con la gente que entrena de verdad)
Estas dos carreras me han servido para ganar mucha confianza para próximos maratones. El año que viene espero poder entrenar de verdad como dios manda y preparar una carrera específicamente por primera vez. Entonces sabré de verdad lo que valgo (como dicen por ahí) en maratón. Mientras tanto a seguir disfrutando de estos pequeños/grandes logros.
miércoles 27 de febrero de 2008
Sin palabras
Hace diez días hice algo grande en Valencia. Insignificante según con que lo compares.
that I would be good even if I did nothing
that I would be good even if I got the thumbs down
that I would be good if I got and stayed sick
that I would be good even if I gained ten pounds
that I would be fine even if I went bankrupt
that I would be good if I lost my hair and my youth
that I would be great if I was no longer queen
that I would be grand if I was not all knowing
that I would be loved even when I numb myself
that I would be good even when I am overwhelmed
that I would be loved even when I was fuming
that I would be good even if I was clingy
that I would be good even if I lost sanity
that I would be good
whether with or without you
lunes 25 de febrero de 2008
Paren que me bajo
Desde el primer momento he puesto toda la carne en el asador, pero mis enemigos eran más fuertes y más numerosos.
Intentaba en vano demostrar mi histórica supremacía sobre ellos mientras ellos se reían en mi cara. Me zarandeaban. Se mofaban. Me golpeaban una y otra vez.
Hoy no podía con ellos.
Durante casi media hora he luchado con todas mis fuerzas. El esfuerzo ha sido titánico.
He tenido la tentación varias veces de tirar la toalla, de entregar la cuchara. De dejarme vencer por ellos.
Finalmente mis viejos y conocidos enemigos se han retirado. Han estado más cerca que nunca de derrotarme, pero la almohada, el sueño, las sábanas y Morfeo no han podido definitivamente conmigo.
He salido de la cama. Me he levantado.
Les he derrotado.
Al menos momentáneamente. Seguro que mañana lo vuelven a intentar.
El día ha sido horrible. He pasado diez horas de oficina en una especie de semi-coma inducido por el agotamiento, con un estado de ánimo totalmente depresivo....
¿Cómo he llegado a esta lamentable situación?
No sé, quizá tenga algo que ver que en los últimos 10 días:
He pasado por Valencia, Lérida, Huesca, Jaén..... Madrid.
He dormido en 4 hoteles diferentes. Además de en mi casa, por supuesto.
(¿He puesto “dormido”? Ja, ¡¡bonita palabra que a veces apenas llego a utilizar!!)
He salido 3 días consecutivos de copas (jueves, viernes y sábado), incluyendo la macrofiesta de despedida de un amigo que hicimos el sábado y que duró 15 horas (y que daría por si misma para escribir varias entradas de este blog, ¡¡que exageración de fiesta por dios!!!)
Me he metido una pateada el domingo por la Sierra de Madrid de casi 5 horas subiendo y bajando montañas (finalizada con un homenaje espectacular en nuestro restaurante preferido de la zona)
He pasado por Alzira, Monzón, Linares, Cercedilla, Vinaixa, Montblanc, Reús.... Pozuelo de Alarcón, Alcobendas.
Me he cabreado como una mona en el Bernabeu al ver como mi equipo recibía un gol que ni los infantiles en el colegio.
He vuelto, seis meses después, a nadar.
He pasado más de 25 horas al volante tragando kilómetros.
He corrido por Alzira, por Valencia, por Huesca... por el monte del Pilar de Majadahonda.
He trabajado tropecientasmil horas con horarios de mañana, de tarde y de noche
He ido al cine, he ido a casa de mi padre para comer con él, he hecho la compra, he llevado el coche al taller, he arreglado mi estropeado ordenador.....
He corrido un MARATÓN.
No puedo más. Que paren la noria que me bajo.
lunes 18 de febrero de 2008
Historia de un milagro
No sé muy bien porque pero quería correr un maratón en 2008. Y digo “no sé porque” porque no tenía muy buenos recuerdos de ninguno de mis tres maratones anteriores (Mapoma05, Berlín06 y Mapoma07) . En realidad después de cada uno de ellos me había jurado una y mil veces que ese había sido el último, que el maratón es muy cabrón, que implica mucho sacrificio y muy poca recompensa, que no puedo con esa distancia, que..... pero al final el tiempo pasa, las cosas se olvidan.......
Barcelona fue mi primera opción, pero finalmente, allá por Noviembre, cambié de opinión y me apunté a Valencia. Decían que el recorrido era más asequible y el desplazamiento desde Madrid mucho más cómodo, desde luego.
Decidí que iba a seguir, por primera vez en mi vida, un plan de entrenamiento. Busqué un plan de 12 semanas (lo de seguir un plan durante 16 ó 18 semanas me parecía una pasada). Pillé el plan de Gavela de 3:30 (con el objetivo de hacer sobre 3:45) porque es un plan en el que solo se corren 4 días a la semana y planes de más días sabía que iba a ser casi imposible que los pudiera cumplir.
Empecé el plan el 27 de Noviembre con la motivación solamente a medio gas. Las 4 primeras semanas cumplí más o menos (creo que solo fallé un entrenamiento). Pero en estas que llegó la navidad. Y con ella las comidas y cenas de empresa, las cenas con lo colegas, las comidas familiares..... las copas, los cigarros, las fiestas nocturnas.... y el plan de entrenamiento sufrió una crisis total durante diez días. Inmediatamente después me fui una semana de vacaciones a Budapest. La temperatura constante era de –10ºC durante todo el día, así que bastante hice con salir un par de días a rodar por un parquecillo que había al lado del apartamento donde vivía.
La cosa empezaba a tener mala pinta, pero hice propósito de enmienda. Aún pensaba que quedaba tiempo para retomar un poco el buen sendero. Y en estas que la empresa me manda para Linares porque en Febrero hay que finalizar y poner en servicio el proyecto en el que llevamos trabajando 3 años. Joder, ¿y esas prisas ahora? (seguro que las elecciones generales que se avecinan no tienen nada que ver). Total, que han sido 5 semanas trabajando 12 horas diarias de pie, algunos fines de semana incluidos, comiendo mal y a horas intempestivas, durmiendo poco..... y entrenando poco. Muy poco. Alguna semana me sale un total de 15-20 kms. Y gracias.
Por no hablar de el virus (¿gripe?) que me tuvo 4 días en la cama con una fiebre de caballo y que me dejó hecho polvo unos diez días.
Así que no tuve más remedio que aceptar que lo que no puede ser no puede ser y olvidarme de Valencia. Como tengo dorsal para correr el 6 de Abril el maratón de París decidí retrasar 7 semanas mi objetivo maratoniano e intentar en ese tiempo pillar un mínimo de forma para afrontar con ciertas garantías el maratón de la Ciudad de las Luces.
A Valencia en cualquier caso iba a ir porque tenía pagado el hotel y además iba en compañía de bastante gente (del 4pipas y del foro de carreraspopulares.com). Así que pensé en aprovechar el viaje a Valencia para hacer una tirada larga de cara a París.
La idea inicial era meterme en el km.12 cuando pasara mi amigo Marcos e intentar llegar hasta meta con él, es decir 30 kms a 5:10 min/km (tenía serias dudas de que con lo entrenado últimamente fuera a ser capaz de hacerlo).
El sábado por la tarde, estudiando la logística, descubro que llegar hasta el km.12 iba a ser complicado y que sin embargo en el 31 hay justo una parada de metro, así que sobre la marcha cambio de idea y decido hacer los 30 primeros y no los 30 últimos.
Y con esas me presento esta mañana en la salida del maratón. Sin ninguna presión. Un entrenamiento me esperaba por delante. Una tirada larga.
La carrera
Los primeros kilómetros voy pendiente de Marcos. Hace un día estupendo para correr pero sopla bastante aire, así que intento protegerle del mismo. Vamos clavando los kms entre 5-5:10 min/km. Esta parte de la carrera se hace muy entretenida porque nos vamos cruzando constantemente (en las largas rectas por donde transcurre el maratón) con otros corredores entre los que buscamos caras amigas o conocidas.
Sin ningun desgaste ni sufrimiento pasamos la media en 1:48:40
A estas alturas ya voy sorprendido de lo fresco que voy y de lo fácil que me ha resultado llegar hasta aquí. Marcos, que me conoce bien me dice:
- “¿Qué? ¿La haces entera o qué?”
A lo que yo le contesto:
- “Voy muy entero, pero ni de coña. En el 30 me paro que esto pude ser un infierno para mi”
Pero lo cierto es que en el fondo de mi cabeza la idea de llegar hasta la meta ya había empezado a coger forma. Me había jurado a mi mismo antes de salir que no iba a hacer tonterías, que no estaba preparado para correr 42 kms y que de ninguna manera iba a sufrir como un perro para acabar una carrera como esta sin haberla preparado. Estaba muy mentalizado para abandonar en el 30. Mi objetivo era París, no Valencia.
Pero los kms siguen cayendo y yo me sigo encontrando sorprendentemente fresco. Antes de llegar al 30 la idea de llegar hasta el final es casi ya definitiva. Cuando paso por delante de la parada de metro donde tenía que poner pie a tierra la decisión está tomada.
- “¿Cómo lo voy a dejar ahora si estoy disfrutando, por primera vez, de correr un maratón?”, pienso.
Nos metemos en un grupito donde me siento muy cómodo y los kms siguen cayendo. Cuando me quiero dar cuenta Marcos ya no está en el grupo, se ha quedado descolgado. Pero ahora que he decidido ir hasta la meta tengo que hacer mi carrera.
A partir del 35 me quedo yo también descolgado y solo. Tengo la impresión de que he bajado muchísimo el ritmo, de que voy parado, de que me estoy arrastrando.... pero el cronómetro me sigue marcando todos los kms por debajo de 5:30 min/km, así que la cosa no parece tan grave. Además no paro de adelantar gente, lo que siempre da buen rollo y la sensación de que tu vas jodido pero los demás van peor. Y eso anima.
Al pasar por la pancarta del 40 miro el crono y alucino al darme cuenta de que estoy en condiciones, si aprieto, de bajar de 3:40. La verdad es que no entiendo nada. Estoy alucinado. Muy sorprendido. Esto es una especie de sueño. Me estoy comiendo el maratón con patatas. Sin entrenamiento. Sin tiradas largas. Sin semanas cargadas de kilómetros. Sin series..... Sin haber venido a correr un maratón.
Y sin hacer ninguna de esas cosas que se suponen básicas en la semana del maratón. Sin haber comido un solo espagueti en toda la semana. Sin haber descansado especialmente. Sin haberme hidratado los días previos.
Y en carrera ni siquiera me he metido un gel de esos que he tomado en otras ocasiones y del que todo el mundo tira (yo no había pillado puesto que no lo pensaba correr entero).
"Cuando he salido de la cama esta mañana me he puesto las zapatillas para entrenar y ahora estoy volando camino de la meta de un maratón", voy pensando.
Alucino. No puedo dejar de alucinar.
Aprieto los dientes, me “como” los últimos dos kilómetros por debajo de 5 min/km y entro en meta pletórico, apretando los puños.... eufórico.... en una nube. Paro el crono en 3:38:27 (la organización me da tres segundos menos, 3:38:24). Me tiro al suelo. Y ahí me quedo tirado un buen rato. Estoy feliz. Muy feliz. E increíblemente sorprendido.
Si pienso en lo que entrené para los 3 anteriores y en los resultados que obtuve.... en el infierno de curro que he tenido las últimas 5-6 semanas.... en que la media de kms en este tiempo no creo que haya superado por mucho los 30 semanales... en que he machacado mi marca en más de 17 minutos...
Que alguien me lo explique, ¡¡¡POR FAVOR!!!
sábado 8 de diciembre de 2007
Missing you

Dice el diccionario de la Real Academia de la lengua española que sorprender es “conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible” y su acción y efecto es la “sorpresa”.
Así pues, entonces, puedo decir sin temor a equivocarme que lo que ayer me esperaba al llegar a casa era una sorpresa.
No le esperaba. No había avisado de su visita. Pero lo cierto es que allí, en el sótano de mi casa, estaba él.
Le encontré raro. Cambiado. No parecía el mismo David que yo conocía.
Le pregunté por Claire.... por Ruth...por Nate... pero ningún caso me hizo. Se empeñó en hablarme de su nueva vida en Miami, de su nuevo trabajo, de su nueva novia.... pero ni rastro de su familia. Esa familia a la que tanto quise.
No recuerdo con exactitud el día que les conocí. De lo que si estoy seguro es de que fue mi admirado Boyero quien me los presentó un gris domingo de enero.
Desde luego no fue un amor a primera vista. Aquel acercamiento inicial fue frío, distante...
En honor a la verdad debo decir que tampoco era un momento fácil para ellos. El padre de familia, Nathaniel, acababa de morir en accidente de tráfico y cada uno de ellos estaba tratando de reconstruir sus propios cimientos.
Pero a partir de aquel dolor me fui acercando poco a poco hasta ellos y poco tiempo hubo de pasar para que aprendiera a quererles como si de mi propia familia se tratara.
¡¡Ufff!!, ni sé la cantidad de noches que pasamos aprendiendo a conocernos. Ellos me enseñaron tanto...
Me hablaron de las absurdas y desfasadas creencias sociales. Me hablaron de la hipocresía de la sociedad. De los estúpidos que se empeñan en ser infelices. Y del amor. Y de la vida.
Sí, eso. Me enseñaron a vivir.
Y sobre todo me hablaron de la muerte.
Sí, de la muerte. Me hablaron de la vida a través de la muerte.
Pero como todo lo bueno tiene un final (eso también lo aprendí con ellos) un día se marcharon por el mismo sitio por donde habían venido.
Y supe que ya nunca volverían.
Y supe que tendría que aprender a vivir sin ellos.
Echándoles de menos.
lunes 5 de noviembre de 2007
1,2,3,4....50
“I Carrera contra el SIDA” se llamaba. Organizaba el Diario Médico.
La risa floja me había dado unos días antes cuando mi amigo Pablo se presentó muy serio en mi casa y me dijo: “te he apuntado a una carrera”.
“¿A una queeee? ¿Tú estás flipao o que te pasa?”
Llevábamos por entonces un par de meses saliendo a correr juntos un par de tardes a la semana. Habían sido muchos años de mala vida y por alguna extraña razón nos había dado por aquellos días por eso de “hacer deporte”.
Pero una carrera.... ¡¡eso era demasiado!!
Me entraron entonces todos los miedos y nervios del mundo. Sospechaba que en aquello de las carreras debían de participar auténticas máquinas, atletas de nivel, corredores profesionales o semiprofesionales. Gente preparada a golpe de entrenamiento, sangre, sudor y lágrimas. Y en ningún caso dos individuos cuyo medio natural eran los bares, los cubatas y los marlboros.
Todas aquellas sospechas se confirmaron inmediatamente que llegamos a la zona de salida. Estaba todo infestado de tipos con caras afiladas, piernas fibrosas y planta de atletas. Y allí estaban con sus camisetitas de tirantes.... calentando... ¡¡con más de 25ºC que había!!
Miedo escénico, que decía Valdano. Si, eso es lo que sentí. Miedo escénico.
“¿Qué hacemos aquí? El ridículo. Seguro”, pensé. Y empecé a buscar con la mirada algún candidato con peor pinta que nosotros. Infructuosa búsqueda aquella.
Pero aquel día algo cambió en mi vida para siempre. En aquel momento no fui consciente pero algo se empezaba a cocer dentro de mí. Cruzar aquella primera meta fue una experiencia emocionante que me metió en la venas, ya para siempre, el gusanillo de correr.
Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo todos los detalles. Recuerdo la emoción al llegar a casa. Recuerdo aquella primera meta alcanzada. Han pasado más de cuatro años pero lo recuerdo con tanta nitidez como si hubiera sucedido ayer.
Pero lo que realmente corrí ayer fue mi carrera número 50.
¡¡50 carreras populares en las piernas!!
Lo primero que me sorprende ahora mirando la lista de las 50 carreras es comprobar la buena memoria que tengo para estas cosas. He dedicado un rato a leer la lista con detenimiento y pasando la mirada por cada uno de esos nombres mi mente puede recordar perfectamente todas y cada una de ellas. Todo. Los detalles. Con quien fui a cada carrera. Cada circuito. La climatología. La marca. Las sensaciones. Podría ahora mismo escribir la crónica de todas y cada una de ellas. Creo que hasta sería capaz de decir con que zapatillas corrí cada una.
Datos para curiosos:
La distancia más repetida han sido los 10 km: 17 veces
Medias maratones: 13
Maratones: 3
La carrera (si se le puede llamar así) más larga: los 100 km de corricolari
Las más cortas: dos carreras de 5 kms que hice cuando empezaba
La que más he repetido: la carrera popular de Las Rozas con 4 ediciones. Después hay un montón de carreras donde he participado dos veces.
Por años:
2003: 7
2004: 5
2005: 8
2006: 13
2007: 17
He corrido además tres maratones Ekiden por relevos, una carrera de montaña....
... y fuera de esta lista quedarían los triatlones, travesías de natación y demás locuras.
No está mal, ¿no?
Ahora a por las 100. Y vosotros que las corrais conmigo.




