
Soñar es libre. Y gratis. Así que, ¿por qué no hacerlo?
Pues resulta que, como una reencarnación del mismísimo Martín Luther King, anoche tuve un sueño.
Soñé que acababa un Ironman.
Hace algún tiempo que no puedo evitar que mis dedos tecleen la palabra “ironman” cuando aparece la página de google en mi pantalla, que mis ojos busquen la portada de “finisher” al pasar por delante de un kiosko o que nombres como Eneko Llanos, Chris McCormack o Marcel Zamora ronden por mi cabeza.
Pensándolo fríamente la conclusión podría ser rápida y contundente: imposible.
¿Pero no dicen los de Adidas que “impossible is nothing”? Además, ¿acaso no era para mi igual de imposible acabar un maratón el día que, por primera vez, salí a la calle dispuesto a correr y aguanté la “estratosférica” cantidad de 8 minutos hasta que me paré asfixiado, colorado y con ganas de vomitar?
Pero el sueño no ha durado demasiado. El taladro que amenazaba con reventarme la cabeza me ha despertado temprano. Creo que ayer me pasé con el ron y los marlboros.
Esta maldita resaca amenaza con arruinarme el día. No paro de toser. Maldito tabaco.
Me preocupa el haber ido, poco a poco, bajando la guardia con ese fantástico vicio del fumar y haberme convertido en ex-exfumador. Vamos, antiguo exfumador o fumador propiamente dicho. Me jode pensar que él es más fuerte que yo y que sin darme cuenta me ha vuelto a conquistar para su causa.
Así que, mientras el taladro seguía girando a mil revoluciones por minuto, la parte de mi cerebro que aun se mantenía mínimamente operativa se preguntaba: “¿cómo podré vencer al Sr.Ironman si no soy capaz de hacerlo con el Sr.Marlboro?”
Roma no se conquistó en dos días. Paso a paso. Mi primer paso para derrotar al primero será hacerlo con el segundo.
La fecha del 12 de Abril del 2008 (inicio de un contador que pondré en este mismo blog) será el comienzo de la conquista de la batalla final que pronostico para el 2012.