domingo, 26 de agosto de 2007

CdeS IV: León-Astorga

Etapa 1: Una paliza para empezar

17 de agosto, León - Trobajo del Camino – La Virgen del Camino – Valverde de la Virgen – San Miguel del Camino – Villadangos del Páramo – San Martín del Camino – Puente Órbigo – Hospital de Órbigo – Villares de Órbigo – San Justo de la Vega - Astorga (49 kms)





Nos levantamos poco antes de las siete y en apenas media hora estábamos ya atravesando el puente de San Marcos con las mochilas en la espalda.

Conversando con algunos peregrinos pude comprobar que éramos muchos los que habíamos decidido comenzar en León. Entre ellos unos chicos y chicas de Alicante y Elche y un chaval madrileño que se había presentado sin credencial y sin nada y que iba más perdido que yo, que ya es decir.

Una de las primeras cosas que me sorprendieron del Camino fue comprobar que la gran mayoría de peregrinos eran extranjeros. Siempre había pensado que el peregrinaje a Santiago era cosa de españolitos y en seguida pude comprobar que los nacidos en la piel de toro éramos una pequeñísima minoría. Italianos, franceses, alemanes, polacos, brasileños, etc, etc.... invaden el Camino y lo llenan de colorido.

La salida de León se hace a través de unos polígonos industriales que hicieron mis primeros kilómetros algo aburridos y feos. Una vez abandonada esta parte comenzamos a avanzar deprisa a través del páramo leonés. La presencia próxima de la carretera nacional N-120 con el ruido de sus coches y camiones le quitaba cierto encanto al “paseo” mañanero. Atravesamos los pueblos de Trobajo del Camino, La virgen del Camino, Valverde de la Virgen y en San Miguel del Camino hicimos la primera parada para desayunar. Unas galletas, un batido, un zumo y un poco de agua.

A estas alturas estaba empezando a entender porque a Josero ya había quien le conocía como “el peregrino veloz”. Por momentos parecía que estábamos en una marcha militar. En apenas 15 kms debimos de adelantar cerca de 50 peregrinos sin que uno solo pudiera con nuestro ritmo. Mis gemelos echaban humo.

Atravesamos Villadangos del Páramo como alma que lleva el diablo y enfilamos hacia Órbigo, que en principio era nuestro destino final de la etapa.

Poco después de la una de la tarde atravesamos el famoso Puente de Órbigo, un puente medieval cargado de historia. Allí, en el año 1434, tuvo lugar el célebre Paso Honroso. Hace cuatro años estuve en las fiestas medievales de este pueblo y pude asistir a la impresionante representación que se hace cada año de aquella histórica justa. Me vinieron muy buenos recuerdos de aquel entonces.

Comimos unos bocadillos en la plaza de Hospital de Órbigo, donde conocimos a un francés que había salido de Burdeos a principios de Julio. ¡¡¡Mes y medio llevaba pateando mundo!!
Él mismo nos contó que había conocido gente que venía de otras partes de Francia, Holanda o Alemania y que algunos llevaban tres meses haciendo el camino.

“Ufff, y yo que solo llevo una mañana y ya estoy empezando a sentir el embrujo de esto”

Acabados los bocatas decidimos alargar un poco la etapa e intentar llegar hasta Astorga.

La tarde se me hizo dura. Empecé a maldecir una y otra vez del peso de la mochila sobre mis doloridos hombros. En mis pies empezaban a crecer ampollas, los gemelos y las rodillas se quejaban constantemente y el sol amenazaba con abrasar mi cuello y mis piernas.

En Villares de Órbigo paramos para tomar un orujito de hierbas y en Santibáñez de Valdeiglesias el francés dobló la rodilla y busco alojamiento en un bonito albergue que allí había.

Los últimos 11 kilómetros de la etapa sufrí mucho por un intenso dolor en las plantas de los pies. Se me hicieron eternos.

Llegando a San Justo de La Vega Josero decidió subirse a una torre de vigilancia altísima y darme la buena noticia que desde allí ya se veía un pueblo grande y que ese no podía ser otro que Astorga.

Una cuesta abajo pronunciada que nos encontramos a continuación la bajamos trotando mientras cantábamos como si fuéramos unos militares haciendo maniobras. ¡¡Menudas risas nos echamos!!

Pasadas las cinco de la tarde y con las plantas hechas puré llegamos al albergue de Astorga.

“¡¡¡Madre mía!!! ¡¡Que palizón!!”

Una ducha rápida, una visita a podología para que me curaran las ampollas (que risas nos echamos con las chicas que me curaron los pies) y nos fuimos a visitar ese pueblo tan bonito que es Astorga. También me trae buenos recuerdos de mi última visita.

Nos metimos una cena copiosa para el cuerpo en animada charla y después decidimos que nos apetecía a los dos tomar unas copas en un pub que nos encontramos camino de la cama.

Cuando nos quisimos dar cuenta eran más de las 11, hora a la que cerraban el albergue. ¡¡¡Ufff, que angustia!!! Por un momento pensé que dormíamos en la calle pero finalmente y tras una buena carrera conseguimos llegar justo cuando el hospitalero estaba apunto de echar la llave.

Entre la paliza que llevaba encima, las cervezas y las copas pensé que dormiría como un lirón. Pero nada de eso. Dormí fatal.

Dando vueltas en la cama pensé que no quería quedarme en Ponferrada. Un día había bastado para engancharme a esto y decidir que el final de mi camino estaba en Santiago de Compostela.

En la foto la Catedral y Palacio Episcopal de Astorga

4 comentarios:

merak dijo...

lo jodido ha tenido que ser aguantar a josero, no?... venga, confiesa...jajaja
abrazos

Tetovic dijo...

Jejejeje, ¿que te voy a contar que tú no sepas??

;-P

Sylvie dijo...

Qué caña!...sabes que el 17 de agosto comí en Astorga???...anda que si de repente os llego a ver llegar por allí...flipo en colores...
Iba hacia Galicia en coche y allí hicimos la parada.

Qué zumbao meterte esa caña el primer día y con el Josero...así era imposible hombre!!!

besitos.

Tetovic dijo...

Pues hubiera sido la ostia encontrarnos allí. ¡¡Ya sabes que el mundo es un pañuelo!!

Sí, la verdad es que para ser el primer día creo que se me fue la olla.

Besos.