lunes, 27 de agosto de 2007

CdeS V: Astorga-Rabanal

Etapa 2: Una tortura

18 de agosto, Astorga - Valdeviejas – Murias de Rechivaldo – Santa Catalina de Somoza – El Ganso – Rabanal del Camino (20 kms)


La cadena siempre se rompe por el eslabón más débil y en mi caso resultaron ser las plantas de los pies.

Los casi 50 kms del día anterior descargaron toda su ira sobre mis doloridos pies y desde los primeros pasos mañaneros los dolores eran muy fuertes. Notaba como todos y cada uno de los huesos de los dedos y del talón se clavaban en mis plantas convirtiéndome en un peregrino incapacitado totalmente para caminar.

A pesar de ello nos pusimos en marcha sobre las 7:30 de la mañana con la intención de hacer toda la subida hasta la Cruz de Hierro y alcanzar el albergue de El Acebo, en plena bajada camino de Ponferrada.

Una vez más Josero puso el turbo y comenzamos a adelantar a cantidad de gente. Pero a mi cada vez me costaba más seguir sus pasos hasta que poco a poco comencé a quedarme descolgado y observar su firme caminar desde la lejanía.

Atravesamos varios pueblos pequeños hasta detenernos en El Ganso para comernos la ración de galletas, batidos y zumos del día. A estas alturas, y después de haber caminado únicamente 12 kms, caminar se había convertido en una auténtica tortura y cargar en cada paso el peso de mi cuerpo y de la mochila sobre cada uno de mis pies en un suplicio sin sentido.

Le dije a Josero que iba a hacer el esfuerzo de intentar llegar a Rabanal, en plena subida a la Cruz de Hierro, y que allí me quedaba hasta el día siguiente.

Los 8 kms que separaban El Ganso de Rabanal fueron los de mayor sufrimiento para mi de todo el Camino. Ahora todos los peregrinos nos adelantaban y por momentos la tortura de los pies se me hizo insufrible. Me tuve que detener en innumerables ocasiones. ¡¡Joder, que mal lo pasé!!!

Finalmente alcanzamos Rabanal del Camino, un pueblo con una población de 60 habitantes pero con capacidad para dar cobijo a cientos de peregrinos en sus cuatro albergues. Un precioso pueblo de montaña con una bonita ermita, una iglesia románica y una calle Mayor con mucho encanto. Un pueblo que acogió a Felipe II en su peregrinación a Santiago y desde donde, según la leyenda, Carlomagno contemplaba Astorga y Sahagún en la Edad Media. Un pueblo que en aquel momento fue mi salvación.

Con algo de pena me despedí de Josero y busqué alojo en uno de los albergues del pueblo. A toro pasado creo que fue una gran decisión separar nuestros caminos en este punto porque el Camino de Santiago es una experiencia que se debe de vivir en solitario y porque es necesario que cada uno vaya a su ritmo disfrutando a su manera.

Pasé el resto del día tumbado en mi litera intentando recuperar mis doloridos pies. Desde allí pude conocer a una pareja de franceses, a unos chicos de Polonia con los que tuve una animada charla y observar los encantos de un grupo de unas diez polacas veinteañeras que sin ningún problema se movían por allí en trapos menores... ¡¡madre mía como estaban las niñas!!!

A media tarde acudí al bar del pueblo a tomar unas cervezas y charlar con algunos paisanos del pueblo. Ellos me informaron de que ningún medio de transporte pasaba por allí, así que por cojones tenía que salir de allí por mis propios medios, algo que en aquel momento no tenía muy claro que fuera a ser capaz.

En la foto la Iglesia templaria de Rabanal del Camino

1 comentario:

Sylvie dijo...

Si es que estamos hechos de un fino...ays, que no me aguantan los pieses...ays, como me pesa la mochila...nenaza!!!

Bueno, como ya te he dicho en el anterior, fue un error grave empezar con esa caña el primer día...estas cosas no hay que hacerlas a lo loco, como el Josero...sino como la gente normal...poco a poco y acostumbrando al cuerpo más cada día.

Besitos.

Ps:menos mal que no te dolían los ojos para poder mirar a las polacas, bribón!